¿COMO EMPEZAMOS?

En 2016, Dios puso en nuestros corazones una carga profunda por la nueva generación y una visión clara: capacitar y formar jóvenes que pudieran convertirse en líderes comprometidos dentro de sus propias iglesias locales. Al observar la realidad de muchas congregaciones, nos encontramos con una situación preocupante. En numerosas iglesias había muy pocos jóvenes participando activamente, y aún menos involucrados en el servicio, el discipulado o el liderazgo. Muchos ministerios juveniles luchaban por mantenerse, y existía una gran necesidad de levantar una generación de jóvenes apasionados por Cristo, preparados para influir positivamente en sus comunidades de fe. Ante esta necesidad, buscamos acercarnos a iglesias que habían demostrado un sólido compromiso con el discipulado y la formación de líderes jóvenes. Reunimos a pastores, líderes juveniles y equipos ministeriales que, a lo largo de los años, habían visto fruto en el desarrollo espiritual de sus jóvenes. Con ellos formamos un equipo unido por una misma convicción: que la mejor manera de fortalecer la Iglesia es invertir intencionalmente en la próxima generación.

Desde entonces, hemos trabajado juntos para crear espacios de capacitación, mentoría y desarrollo espiritual donde los jóvenes puedan crecer en su relación con Dios, descubrir sus dones y aprender a servir con excelencia. Nuestro enfoque siempre ha sido equiparlos no para que sirvan en otros lugares, sino para que regresen fortalecidos a sus propias congregaciones y se conviertan en una bendición para sus iglesias locales.

Durante casi una década, hemos tenido el privilegio de acompañar a cientos de jóvenes en este proceso de formación. Hemos visto a adolescentes convertirse en líderes de grupos pequeños, maestros, músicos, evangelistas, mentores y siervos comprometidos con la misión de Dios. Lo que comenzó como una carga en el corazón se ha convertido en un movimiento de discipulado que sigue impactando iglesias, fortaleciendo ministerios juveniles y levantando una nueva generación de hombres y mujeres dispuestos a responder al llamado de Dios.

Hoy seguimos creyendo que la esperanza de la Iglesia no está únicamente en retener jóvenes, sino en formarlos como discípulos fieles que, a su vez, discipulen a otros. Nuestro compromiso permanece firme: capacitar, equipar y enviar líderes jóvenes que amen a Cristo, sirvan a su iglesia y transformen su entorno para la gloria de Dios.

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